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Estrategias para la lectoescritura en alumnos con sordera profunda y deprivación auditiva prolongada

 Los niños con sordera profunda y larga deprivación auditiva suelen llegar a la escuela con un desfase importante entre su edad auditiva y cronológica. Por ejemplo, un niño de 8 años implantado coclear recientemente puede tener un nivel de lenguaje equivalente a un niño oyente de 4 años. Esto implica que la base fonológica y lingüística está muy retrasada, por lo que aprender a leer y escribir requiere apoyos especiales. Según FIAPAS, «ante la falta de audición, trabajar la conciencia fonológica es fundamental» para el acceso a la lectoescritura. Además, se deben reforzar todos los aspectos del lenguaje y del vocabulario a lo largo de la infancia. Aunque algunos jóvenes sordos alcanzan buenos niveles lectores, en general se observa que al terminar la primaria pocos superan el nivel equivalente al 4.º año de primaria y es ahí donde se encuentra en muchos casos su techo de cristal.

 

Perfiles del alumnado

 

El alumnado afectado puede agruparse en varios perfiles según su edad y evolución auditiva:

  • Infantil (2–4 años): Niños implantados cocleares desde los 2 años (ahora 3–4 años). Han tenido un período breve de audición, por lo que su edad auditiva está cerca de la real. Su vocabulario es limitado, pero su aprendizaje visual puede ser bueno. Muchos aprenden a hablar con ayuda logopédica y suelen mantener contacto visual fluido.

  • Implante tardío en Infantil: Niños de 4–6 años que recibieron el implante tras varios años sin estímulo auditivo efectivo. Su edad auditiva (basada en la implantación) puede ser 2–3 años inferior a la cronológica. Llegan con vocabulario muy reducido, escasa conciencia fonológica y dificultades de memoria verbal.

  • Escolar Primaria (7–12 años): Niños implantados entre 7–8 años o que usaron audífonos poco eficaces. Su edad auditiva puede ser de 3–4 años (equivalente a la etapa de Educación Infantil). La brecha con la edad real es muy amplia. Aunque dominan algo de lenguaje oral reciente, su gramática y vocabulario aún son limitados, y dependen mucho de apoyos visuales o de lenguaje de señas. Algunos estudiantes sordos profundos (especialmente con padres oyentes) han usado comunicación bimodal (lengua de señas+narración oral), lo que les facilita el acceso a conceptos básicos. En general, los grados de pérdida, la causa de la sordera y el entorno lingüístico familiar (familia sorda u oyente) influyen mucho en su perfil educativo.

 

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A modo de ejemplo, una tabla comparativa entre perfiles podría ser:

Perfil

Edad cronológica / auditiva

Lenguaje oral y de señas

Nivel lector previsto

3 años (implantado a 2)

3 / ≈2 años

Vocabulario breve; frases sencillas; posible LSE emergente (si hay referente)

Reconoce imágenes, algunas palabras globales

5 años (implantado a 4)

5 / ≈3–4 años

Frases cortas; vocabulario básico; puede usar señas simples

Lee palabras familiares, inicia lectura global

8 años (implantado a 7)

8 / ≈4–5 años

Lenguaje oral emergente con ayuda logopédica; memoria verbal débil

Nivel lector rudimentario (pocas palabras, comprensión muy básica)

10 años (sin implante eficaz)

10 / <4 años

Dificultad grave en lenguaje oral; alto uso de gestos/LS

Habitualmente bajo o funcional mínimo (no lector)

 

Barreras específicas para la lectoescritura

El alumnado sordociego o hipoacúsico profundo enfrenta dificultades clave para aprender a leer y escribir, entre las que destacan:

  • Ausencia de base fonológica. Al no haber percibido los sonidos del habla en edad temprana, carecen de un sistema fonológico interno claro. Esto dificulta la correspondencia entre grafías y sonidos.

  • Conciencia fonológica limitada. No suelen sentir las sílabas, los fonemas ni las rimas de manera intuitiva. La detección auditiva es necesaria para desarrollarla, por lo que sin audición resulta complicada.

  • Vocabulario escaso y poco profundo. Su lexema lingüístico es reducido; muchas palabras no han sido aprendidas por vía auditiva. Esto afecta la comprensión lectora y la producción escrita. De hecho, estudios señalan que estos alumnos tienen problemas para asociar palabras con significados, establecer relaciones semánticas o usar sinónimos debido a su déficit primario de lenguaje.

  • Déficit de memoria verbal. La memoria a corto plazo auditiva o secuencial está afectada, por lo que recordar cadenas de palabras, listas o instrucciones complejas es más difícil. Esto ralentiza su lectura y escritura.

  • Conocimiento general limitado. Las experiencias previas y el conocimiento del mundo suelen ser más reducidos (sobre todo si la familia no compartía el lenguaje del niño). Esto limita el contexto que aporta sentido a los textos.

Estos factores confluyen para generar retrasos importantes: la carencia de un lenguaje bien desarrollado, conciencia fonológica pobre, vocabulario restringido y poca gramática española son citados explícitamente como barreras críticas. Por ello, el enfoque pedagógico debe compensar cada una de estas brechas.

 

Enfoques metodológicos: visual, global y funcional

Para superar las barreras, se recomienda un método visual y funcional centrado en el sentido, el contexto y la motivación. En la práctica, esto supone:

  • Enfoque visual: Utilizar materiales gráficos, pictogramas, ilustraciones y gestos. Por ejemplo, acompañar la lectura de imágenes grandes o de títeres (como el teatro kamishibai adaptado) puede reforzar la comprensión y motivación. Se emplea un sistema visual complementario –como la Lengua de Señas o el dactilológico– para acompañar el texto o la palabra hablada. Los recursos visuales destacarán sobre los auditivos (pictogramas ARASAAC, videos signados de cuentos, láminas secuenciales, etc.).

  • Enfoque global: Aprender palabras y frases completas en contexto significativo. En lugar de empezar por letras o sílabas aisladas (método silábico), se parte de frases sencillas y comprensibles (método global de análisis estructural). Esto permite que el alumno comprenda ideas completas desde el inicio. Por ejemplo, se le enseña a leer títulos de cuentos familiares o señales reales («Baño», «Nombre») para luego descomponerla progresivamente en partes (sílabas, letras) conforme gana seguridad. Este enfoque aprovecha la habilidad innata del niño para reconocer conjuntos visuales globales.

  • Enfoque funcional: Centrar la lectura y escritura en su utilidad práctica diaria. Se crean situaciones auténticas: leer listas de compras, escribir etiquetas para sus cosas, narrar experiencias personales en murales. Así, cada actividad de lectoescritura tiene un propósito real (comunicar algo concreto) que motiva al alumno. Se prioriza la comunicación efectiva y el significado más que la corrección formal inmediata.

Estas estrategias combinadas (visual + global + funcional) fomentan un aprendizaje activo y multisensorial. Según pautas pedagógicas españolas, la metodología debe incluir “técnicas, estrategias y materiales visuales” y sistemas comunicativos complementarios (lengua de signos, gestos, dactilología) como apoyo constante. De hecho, investigaciones recientes destacan la importancia de enfoques bilingües-biculturales para niños sordos, ya que el oralismo puro tradicional dificulta su aprendizaje. Adaptar la enseñanza para integrar su lengua de señas nativa (si la tiene) junto al español escrito puede acelerar la alfabetización.

 

Secuencia de objetivos, contenidos y actividades

Es clave planificar objetivos claros por nivel y etapa, asegurando que cada niño alcance progresivamente nuevas metas de lectura/escritura. A continuación, se ofrece una secuencia orientativa:

 

Educación Infantil (2–6 años)

  • Objetivos: Fomentar el interés por los libros; reconocer nombres y palabras significativas; empezar a asociar palabras con imágenes. Adquirir conciencia de que la lectura y la escritura comunican algo. Por ejemplo: lograr que el niño señale su nombre escrito o palabras como «mamá» en textos familiares.

  • Contenidos: Voces fuertes y claras para enseñar letras iniciales del propio nombre, palabras visuales (rótulos de “Baño”, “Agua”), pictogramas para conceptos básicos (familia, colores, acciones). Historias cortas y muy ilustradas. Sílabas simples cargadas de sentido (ej. “pa”, “ma”, “ta”). Vocabulario básico acompañado de gestos o señas.

  • Actividades: Colorear y jugar con letras grandes, tarjetas visuales y cuentos con títeres o kamishibai. Juegos de reconocimiento del nombre (p. ej. letras de su nombre en cartulina). Canciones con apoyo de signos. Lectura compartida donde el adulto señale palabras clave. También escritura temprana: trazar líneas y luego letras iniciales en arena o con el dedo en la pantalla, siempre enlazándolo a un contexto (escribir “rojo” al señalar el lápiz rojo).

En prelectores muy pequeños (2–3 años) se trabaja con rutinas visuales simples. El niño aprende a «leer» la secuencia de un cuento conocido por sus imágenes y repeticiones (por ejemplo, cuentos de “Buenos días” donde cada día es igual). Se refuerzan progresivamente palabras globales (su nombre, animal favorito) hasta dividirlas en sílabas o letras en un juego. Juegos como “busca la palabra” con pictogramas también ayudan a desarrollar su memoria verbal de manera visual.

 

Educación Primaria (6–12 años)

  • Objetivos: Avanzar en la lectura comprensiva de frases cortas; escribir mensajes sencillos; ampliar vocabulario. Por ejemplo: entender instrucciones escritas en clase o escribir una mini-historia usando palabras aprendidas.

  • Contenidos: Léxico y expresiones del currículo, presentadas de forma visual. Frases escritas de uso cotidiano (p.ej. partes del cuerpo en la clase de plástica, títulos de libros infantiles conocidos). Conocimiento progresivo de la correspondencia grafema-fonema para sílabas más complejas. Gramática básica (género y número de sustantivos) con apoyo visual. Temas de interés del niño (animales, familia, profesiones) adaptados con pictogramas.

  • Actividades: Lecturas globales con repetición y apoyo gestual: cuentos cuya estructura se repite cada página para facilitar la predicción. Ejercicios de “leer y dibujar” donde el niño escribe una palabra que luego ilustra. Escritos funcionales: crear un recetario de cocina (escribe “leche” + foto del envase), redactar avisos sencillos (“llevar gorro” + dibujo). Uso de tecnologías: programas que presentan palabras asociadas a imágenes en la tablet. En todos los casos se da retroalimentación visual inmediata (p.ej. el niño lee un cartel colocado en clase y el maestro señala la imagen correspondiente).

 

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Una forma de resumir esta progresión es mediante una tabla de actividades sugeridas:

Nivel / Edad

Actividades adaptadas (ejemplos)

Infantil (2–4 años)

Cuentos visuales con repetición; señalización de pictogramas del aula; juegos de emparejar palabra-imagen (p.ej. tarjetas); escribir su nombre con ayuda visual; canciones con signos y textos breves en pantalla.

Infantil (5–6 años)

Lecturas globales de frases sencillas (p.ej. “Está lloviendo” con dibujo); dictados cortos con apoyo total de gestos; rutinas de escritura diaria (horario personal con pictogramas y palabras).

Primaria baja (6–8 años)

Libros de lectura fácil con apoyo gestual o signado; palabras frecuentes introducidas globalmente (“agua”, “playa”); diarios ilustrados (escribe frase + dibujo); juegos de sílabas (empareja imagen con sílaba inicial).

Primaria alta (9–12 años)

Textos contextualizados (instrucciones de juegos, recetas, historietas sencillas) con glosarios visuales; escritura de frases completas sobre temas concretos (ej.: “Mi familia” con fotos etiquetadas); actividades digitales interactivas con feedback visual.

 

Rúbrica de evaluación funcional: Para valorar su progreso es útil usar criterios adaptados. Por ejemplo, en comprensión lectora se puede calificar según la capacidad de lectura global y contextual. Un posible formato de rúbrica sería:

Criterio

Nivel 1 (Bajo)

Nivel 2 (Medio)

Nivel 3 (Alto)

Lectura comprensiva

Reconoce pocas palabras familiares (p.ej. su nombre) con apoyo.

Lee frases cortas predichas con pistas visuales.

Lee párrafos breves adecuados a su edad auditiva.

Escritura funcional

Escribe con dibujos o gestos (p.ej. su nombre, etiqueta simple).

Escribe oraciones muy simples con apoyo de modelo.

Escribe pequeños textos (p.ej. noticia breve) con ayuda mínima.

Vocabulario

Utiliza un vocabulario básico con gestos o señas.

Usa palabras aprendidas activamente en contexto.

Amplía vocabulario sinónimo guiado por imágenes.

Se promueve evaluación funcional: observar al alumno realizando tareas reales (leer instrucciones de un juego, rellenar un cartel del aula) en lugar de sólo pruebas formales. Así se valora su autonomía lectora en contextos auténticos.

 

Recursos académicos y digitales recomendados

En la práctica, conviene apoyarse en recursos especializados para sordera. Algunas referencias útiles son guías didácticas de grupos especializados, los talleres de lectura de FIAPAS o manuales de inclusión educativa. En el ámbito digital, se sugieren:

  • ARASAAC (Sistema Aragonés de Comunicación Aumentativa): ofrece pictogramas gratuitos y adaptaciones de lectoescritura visual para alumnos sordos.

  • “Sueñaletras” (Chile): aplicación interactiva diseñada para enseñar lectura a niños sordos. (También hay recursos similares en España).

  • Diccionarios de lengua de señas: versiones digitales de la Lengua de Signos Española facilitan la correlación entre palabra escrita y señas. Por ejemplo, el Diccionario de la LSE online.

  • Historietas y kamishibai signados: plataformas como “Kamishibai adaptado” (Universidad de Málaga) integran narraciones visuales con señas, reforzando la interacción.

  • Materiales de FIAPAS, CNSE y ONCE: estas organizaciones publican guías pedagógicas y cuentos adaptados para sordos (audiolibros y libros ilustrados acompañados de LSE).

  • Software educativo: programas como Sorditos o Diccionario pictográfico (aragonés) permiten practicar lectoescritura con apoyo visual interactivo. Además, abundan apps de fonética visual (Cued Speech en español, por ejemplo).

 

Guía práctica:

A continuación, se resume en clave práctica la implementación del programa:

  • Evaluación inicial: Determinar la edad auditiva real y el nivel de lenguaje oral/signado. Realizar pruebas auditivas objetivas y evaluar signos de LSE si los tiene. Conocer intereses y conocimientos previos del alumno.

  • Adaptaciones curriculares: Priorizar métodos multisensoriales (auditivo-visual-kinestésico). Incorporar apoyos de comunicación alternativa (señas, pictogramas). Reforzar vocabulario nuevo con imágenes y contexto.

  • Objetivos claros y progresivos: Establecer metas pequeñas (reconocer palabras clave, seguir instrucciones escritas cortas). Alinear actividades con su nivel; empezar por global (frases completas) para luego descomponer en letras/sílabas.

  • Materiales visuales: Usar fichas con dibujos, tarjetas de palabras, cuentos ilustrados, vídeos signados, pizarras interactivas con letras grandes. Emplear títeres, dramatizaciones y gestos para explicar vocabulario.

  • Metodología activa: Planificar sesiones con juegos lingüísticos (bingo de palabras, rompecabezas de letras), lecturas en voz alta compartidas, talleres de escritura creativa (ej. diario visual), uso de recursos multimedia. Asegurar interacción continua (el alumno lee en voz alta lo que puede y se corrige positivamente).

  • Trabajo colaborativo: Coordinar con el equipo de orientación específico para Discapacidades auditivas y el equipo docente. Involucrar a la familia enseñando signos básicos o hábitos de lectura en casa. Fomentar el apoyo de compañeros oyentes (lectores más avanzados).

  • Evaluación adaptada: Crear rúbricas específicas con niveles de logro realistas. Evaluar mediante tareas funcionales (leer instrucciones de juego, escribir un mensaje al profesor) y no sólo exámenes convencionales. Registrar avances en listas o portfolios visuales (por ejemplo, fotos de trabajos completados).

  • Recursos y formación: Facilitar al docente enlaces a web especializados (FIAPAS, ARASAAC, conferencias sobre sordera). Proporcionar listas de libros infantiles con LSE y apps didácticas. Recomendar cursos de sensibilización auditiva-lingüística.

 

 

José Luis Verona Gómez

Maestro especialista en Audición y Lenguaje

Pedagogo especialista en Educación Especial

 

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